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Dialogamos con el “Negro” Miguel Ángel Lupi, destacado ex dirigente de Barrio Olímpico; vinculado a la franja desde hace 53 años y de extensa trayectoria al frente de la Comisión Administradora del Estadio Municipal.

   Por Sebastián Pastorino 

Hijo de Santiago Lupi, aquel destacado deportista de los años 20 que brillara con la blusa tricolor del Club Nacional de Fútbol, Miguel Ángel Lupi Balduini, el “Negro”, apareció al mundo un 6 de febrero de 1928 y fue, a la postre, uno de los dirigentes más destacados de Barrio Olímpico a lo largo de la historia.
Nació y vivió sus primeros años en las inmediaciones de Treinta y Tres y Williman, y se crió junto a sus cuatro hermanas en la calle Washington Beltrán, donde su padre instaló la herrería y su casa de familia cuando él aún vestía pantalones cortos.
Su vinculación con la institución franjeada dio inicio cuando se casó y se afincó en el barrio, un 15 de enero de 1955, a sus 26 años, y se mudó a la casa donde aún hoy vive, con 79 años de edad sobre la espalda, en Wilson Ferreira Aldunate y Santiago Vázquez.
Según contó nuestro entrevistado, en sus primeros años era hincha de Nacional; es que la tradición familiar así lo imponía y en definitiva había nacido en la zona de influencia de la Plaza Rivera.
No obstante su adhesión al “Picó Picó” es dable de resaltar, ya que se hizo hincha de la “franja” por convencimiento; en definitiva Barrio Olímpico conquistó su corazón desplazando al primer amor.

-¡Vaya mérito de Barrio Olímpico haber ganado su corazón!, porque una cosa es nacer siendo hincha del club y otra es hacerse hincha del mismo...
-No hay duda que sí. Además teniendo en cuenta que uno venía con una carga importante ya que toda la familia era de Nacional. No hay duda que Barrio Olímpico me conquistó. La realidad es esa.

-¿Siendo niño o en su juventud practicó algún deporte?
-El único deporte que practiqué fue patín. En esa época era algo que se estilaba y había dos o tres clubes que competíamos: Club Patín Juventud, Unión y otro club que no me acuerdo como se llamaba. No había pistas y teníamos que andar en las calles que en ese tiempo eran de adoquines; pobre del que se cayera porque se raspaba hasta el alma. Recuerdo que practicábamos en la Plazoleta de Las Delicias y cuando hicieron las calles de hormigón en Minas, los fines de semana cerraban la cuadra de Ituzaingó frente a la Plaza Rivera para que hiciéramos nuestras competencias.

-Usted mencionó el hormigonado de las calles de Minas, ¿cuáles fueron los otros cambios que observó en la ciudad a lo largo de su vida?
-Hubo muchos cambios. Minas tuvo una evolución grande que le fue facilitando las cosas a la gente y a propósito le cuento esta anécdota: Yo iba a la Escuela Nº 1 de la calle Roosevelt y tenía que cruzar Washington Beltrán y 18 de Julio que cuando llovía se anegaban y a veces el agua superaba la vereda y se metía en las casas. Además yo sufría de asma entonces eso me representaba una complicación para asistir a clases, lo que determinó que me cambiaran a la Escuela Nº 8 que quedaba para el otro lado, para la calle Batlle. Con el hormigonado también se hicieron las bocas tormenta y se entubaron algunas cañadas; de esa manera se solucionó aquel problema de las calles inundadas.
También se expandió la ciudad hacia todos sus costados. Pero Minas también se destacó a través de varias personalidades de la cultura, las letras; una época de ebullición intelectual muy marcada, producto se me ocurre de la excelente educación que había en esos tiempos.
Luego vino una época que fue durante la dictadura. Más allá de todo yo siempre destaco la gestión del Intendente Cnel. Barbé Saravia, a quien le gustaba hacer las cosas y hacerlas bien. Él no solo dejó edificios muy importantes a Minas, como ser la Terminal de Ómnibus que ya la había empezado Don Juan Miguel Salaberry, también remodeló la Casa de la Cultura, remodeló el Estadio Municipal y le construyó los vestuarios, amplió la Intendencia, capacitó a los funcionarios municipales de una forma que los valorizó y los dotó de herramientas y maquinaria, hizo buena caminería rural.
Más acá en el tiempo apareció la obra del puente sobre el Arroyo El Plata Chico, impulsada por Gustavo Risso, quien llevó adelante una exhaustiva lucha por su concreción, y a quien poco mérito le dieron por cierto cuando se inauguró el puente.
El actual período del Escribano Vergara también ha sido importante en cuanto a obras, por ejemplo la de los accesos a Minas, ya sea la Avda. Baltasar Brum o la Avda. Gral. Flores.

-La política partidaria también estuvo presente en su vida...
-Sí, yo soy del Partido Nacional, cofundador de la Lista 50 junto a Juan Miguel Salaberry y otros. Todavía me mantengo en la misma, no integro ninguna comisión pero estoy en la parte de asesoría por decirlo de alguna manera, no sé si me cabe el término.

LA HERRERÍA
-La herrería es una herencia familiar, su padre fue el fundador, ¿es así?
-Sí, mi padre desde los catorce años trabajaba en una fábrica de carruajes y ahí hizo sus primeras armas. Después fue empleado de Formenta, un señor que vino a Minas cuando llegó la primer usina para dar luz eléctrica a la ciudad, que posteriormente se afincó acá y puso herrería, en ese trabajo mi padre aprendió el oficio y más adelante puso su negocio propio.
Luego lo continué yo porque en verdad la herrería me tiraba mucho y siendo chico, a pesar de mi asma, igual pasaba varias horas en ella; además como en verdad el estudio no me gustaba mucho decidí trabajar y mi padre me enseñó el oficio.
Trabajé como empleado varios años, luego hicimos sociedad con él y mi tío.
Más adelante pasó lo mismo con uno de mis hijos, él prefería trabajar a estudiar y fui yo quien le enseñó el oficio.
Hoy al frente del negocio está él y Robert Hernández que es como un hijo más.

-También trabajó como profesor en la Escuela Industrial...
-Un amigo me arrimó a la Dirección de la Escuela Industrial porque precisaban un profesor en un taller que llamaban “de Ajuste”, que era todo lo relacionado a la herrería; acepté y fui profesor de durante 19 años.

BARRIO OLÍMPICO
-¿Qué nos puede decir de su etapa de dirigente en Barrio Olímpico?
-Eran otros tiempos. Recuerdo que en las reuniones de la directiva no cabía un alfiler, no había lugar por la cantidad de gente que asistía a las mismas.
Quiero hacer mención especial a quienes siempre tengo tan presentes por los momentos muy gratos que vivimos al desempeñar esa función en Barrio Olímpico: al “Bigote” Martirena, al “Flaco” Barreto, a Albano Ximeno, a Álvaro Facciola, a Adolfo Tabóas, y a varios más que trabajaron por la institución y ahora se me escapan.
Recuerdo que una vez hicimos una cosa muy linda que fue festejar el día de los reyes magos para todos los niños del barrio. Íbamos a los comercios y nos donaban una cantidad de cosas como por ejemplo juguetes, ropa o calzado; un año también tuvimos la colaboración del Salus, quien ante unas gestiones que mantuvimos con su Administrador nos donó mil botellas de refresco.
Aquella fiesta fue fenomenal, hubo un escenario con música y los niños disfrutaron cantidad. Fue algo que lamentablemente se dejó de hacer después.

-Es que en esa época la gente estaba más consustanciada con la causa institucional...
-Ah sí, no hay duda. Los otros días comentábamos eso en una rueda de gente de fútbol que se armó en la herrería. Decíamos que antes uno tenía las iniciativas y la gente respondía; todo el barrio iba a las canchas. Ahora va gente pero no va la familia.

-Es que fueron años muy exitosos los de fines de los cincuenta y principios de los sesenta, eso de pronto generó un contexto especial para que la gente acompañara tanto...
-Fueron años de ganar todos los puntos del campeonato y salir campeón consecutivamente, se ganaron seis campeonatos de siete disputados, y eso que Olimpia se interpuso en el del 58, pero en puntos habían empatado con nosotros. Igual salimos invictos, aunque fuimos segundos.
Habían muy buenos directores técnicos y un plantel de jugadores extraordinario. También había mucho más fútbol, más y mejores jugadores.

-¿A qué atribuye esa situación?
-Pienso que la ciencia y la tecnología ha apartado un poco a la gente del deporte, por el hecho que antes concurría más a las canchas, surgían más jugadores y a la gente le gustaba más el fútbol, lo vivía más intensamente.
Eso pasó no solo acá, sino también en el fútbol profesional. Antes cualquier cuadro chico en Montevideo vendía 5 mil entradas y a los grandes los iban a ver más de 30 mil personas cada fin de semana. Hoy Nacional y Peñarol apenas llevan 5 mil personas por partido.

EL ESTADIO MUNICIPAL
-Usted tuvo una extensa trayectoria presidiendo la Comisión Administradora del Estadio Municipal, ¿qué puede decir de su pasaje por ese cargo?

-Fue una cosa muy linda que me pasó. Cuando forma la comisión Don Juan Miguel Salaberry, Bustamante era el presidente y yo el vicepresidente. Cuando sucede el golpe de Estado aparece en la escena municipal el Cnel. Barbé Saravia y Bustamante renuncia a su cargo. Después que organizó un poco la Intendencia, Barbé nos reunió a los de la comisión y me designó presidente a mí, ya que era el vicepresidente y el presidente había renunciado. Al asumir le dije a Barbé que yo estaba por fuera de los hechos políticos, y que lo único que quería hacer era trabajar por el departamento. Eso fue en 1973 y hasta hace unos meses estuvimos ininterrumpidamente en el cargo.

-¿Cuán difícil es administrar el Estadio, con todos los intereses que hay alrededor?
-Es bravo, y más en el tema fútbol donde los intereses son dispares y cada club tira para su lado. Por ese lado no era fácil.
Después había algunos periodistas que se creían dueños de la verdad y dos por tres nos daban algún sablazo; la función periodística es muy linda, muy sana y muy constructiva, pero a veces alguno se cree que porque escribe en algún diario o habla en la radio sabe más que todos y no es así. Creo que contesté un artículo una vez pero luego no lo hice más.

-Esa tarea también le dio satisfacciones supongo...
-Ah sí, era una tarea linda porque había un buen grupo humano. Como encargado del Estadio estaba Calvo que es una persona excepcional. La comisión siempre estaba sesionando porque de los cinco miembros de la misma siempre estábamos al firme dos o tres de los integrantes y nos reuníamos en mi casa o en la herrería.

-Fueron muy celosos de la cancha...
-No hay duda que sí, lo que pasaba es que el cuidado de la cancha llevaba mucho tiempo y trabajo y había que mantenerla en buenas condiciones.
Había algunos eventos que allí se realizaban que en verdad iban en contra de nuestras intenciones, pero había que hacerlos. Recuerdo que en la época de facto un grupo de caballería hizo una exposición dentro de la cancha y destrozó la misma. Después algún escenario que se montaba allí pero esto no era tan grave porque se hacía algún pequeño pozo que luego era tapado.
Pero la verdad que fue primordial sí, siempre, el cuidado de la cancha.

-Una cancha que siempre se destacó por su buen piso...
-Es que la cancha del Estadio y la del Grupo de Artillería son las únicas dos canchas de Minas que tienen drenaje. En el Estadio el drenaje se hizo cuando se construyó el mismo, lo que pasa con el correr de los años es que las partículas más finas de la tierra se han ido depositando en los desagües y lo han ido saturando.

-¿Tenían disponibilidad presupuestal para el mantenimiento del Estadio?
-Siempre tuvimos dinero en caja para mantener la cancha, fertilizarla, reponer el césped, limpiarla de los “pelos de perro” y tréboles, entre otras cosas. Esa era una cuestión de todos los años.
Nosotros hace diez o quince años compramos un tractor que todavía está en funcionamiento, que es el que se utiliza pura y exclusivamente para la cancha; solamente dos veces ha salido de Minas y por pedido del Intendente Vergara, que la mandó a Mariscala para cortar el césped de la cancha de allá.
Después tenemos máquinas manuables para el trabajo de afuera de la cancha y alrededores del Estadio. Además había gastos en redes, en pintura, artículos de limpieza, entre otras cosas.
Una cosa muy importante que se empezó a instrumentar cuando asumió “Bolita” Leis, fue que el Estadio empezó a cobrar un 10% de la recaudación, con un mínimo -actualmente- de $ 1.000; ese recurso es sagrado para el Estadio.
Ahora en el traspaso a la nueva comisión, gente muy bien toda, se le entregaron varios miles de pesos en caja, se le entregó el libro de caja recientemente inspeccionado por el Contador Romero, y se le pasó toda la parte de secretaría, donde el “Mellizo” Conti hizo un gran trabajo.

-¿Con qué sensación abandonó el cargo?
-Ya estoy extrañando porque, como toda comisión que se prolonga durante tanto tiempo, uno a veces acostumbra mal a la gente y es este caso porque yo recibía todas las cartas dirigidas a la comisión en mi casa; ahora extraño eso, que no me llegue la correspondencia a casa y que no me llamen por temas relacionados al Estadio.
Pero tengo la sensación que me retiré cumplido con la tarea. Quedó mucho por hacer; por dos razones principalmente: en alguna medida por poco empuje de parte nuestra; pero en mayor medida por los presupuestos municipales destinados al Estadio para afrontar reformas grandes. Sin ir más lejos el Estadio necesita una inspección técnica en la tribuna ya que desde que se construyó esta inspección no se ha hecho y hay partes descascaradas, hierros a la vista, entre otros detalles. Claro que eso cuesta mucha plata.

EL DESCANSO
-Hoy puede disfrutar la vida con más tiempo...

-La verdad que estoy llevando una vida de jubilado y me entretengo yendo a veces a la herrería a conversar y a tomar mate, pero sin cruzar para el otro lado del mostrador, me quedo del mostrador para afuera.
También tengo más tiempo para la familia, para mi señora que se llama Susana Teresa Gaggero Moreira y hoy tiene 78 años; más tiempo para mis cuatro hijos: Miguel Ángel, María Susana, Antonio María y Gonzalo María; y también para mis 9 nietos, más los 2 de Robert que es como un hijo.
Afortunadamente hemos disfrutado con mi señora este descanso que nos dio la vida después de haber trabajado durante tantos años y hemos podido viajar; tenemos cinco viajes a Europa, tenemos viajes por varios países de Sudamérica. Más o menos creo que la hemos llevado bastante bien.