Especiales - Reportajes

Omar GuillénDueño de un estilo particular y precursor en el periodismo minuano

Omar Renee Guillén Pose nació un 30 de marzo de 1945 en la 9ª Sección de Canelones, zona donde su padre tenía campo; y fue inscripto -según cuenta- en la 2ª Sección de Lavalleja, en Solís de Mataojo.
Hoy a sus 63 años, y luego de una extensa trayectoria en el periodismo del departamento, nos brinda interesantes detalles de su vida.

   Por Sebastián Pastorino 

Cuenta Omar que su padre estuvo afincado muchos años en la zona rural de Canelones, muy próximo al límite con Lavalleja. No obstante aclara que su progenitor era oriundo de Montevideo, donde aún tenía toda la familia establecida. Tanto es así que gran parte de su niñez, principalmente los fines de semana y durante las vacaciones, Omar la pasó con sus abuelos en la capital del país.
Nuestro entrevistado cuenta con dos hermanos varones y una mujer; él es el mayor, y de los cuatro la única nacida en Minas es Leonor -la menor-, ya que Walter se asomó al mundo en el mismo sitio que Omar, y a Carlos le dio por nacer en la capital.
Su niñez transcurrió entre el campo y Montevideo, porque en la capital estaba la gran parte de la familia.
Concurrió a la Escuela Rural Nº 80 de Paso Arbelo los primeros cuatro años, y culminó sus estudios primarios en nuestra ciudad, ya que cuando tenía 10 u 11 años se trasladaron a Minas.

-¿Con qué te encontraste cuando viniste a vivir a la ciudad?
-Ah... era un Minas muy distinto al de ahora. Esta era una ciudad muy progresista, muy pujante, con un movimiento excelente.
Recuerdo que por esos años se estaba construyendo casi todo el Barrio Olímpico, se estaba haciendo el hormigón de la calle España Republicana, que ahora es Zelmar Michelini.
Nosotros vivíamos frente a la cancha de Central, en el Barrio Firenze. 

-¿Así que una ciudad muy pujante?
-Si, recuerdo que había una proficua actividad deportiva. Yo era muy amigo de Walter Verdino y juntos mirábamos todas las tardes como se entrenaban 20 o 30 ciclistas de muy buena calidad que había en Minas.
También había mucho básquetbol, con 12 equipos. En fútbol habían 23 instituciones. Había un movimiento impresionante.
En la ciudad había muchas obras de infraestructura y se estaban ampliando los barrios. También habían casas comerciales muy fuertes como Morosoli, Izeta y Quíricci, Machado Hnos., que le daban trabajo a una cantidad de gente.
Recuerdo que mi padre vino a trabajar a Ancap y había 700 u 800 empleados; y en el Salus había otro tanto.
En fin... Minas en esa época creció espectacularmente.

-¿Cómo fue tu niñez?
-Fue sensacional porque la viví en una época que todo era mucho más tranquilo y no existía la inseguridad de hoy en día.
Recuerdo que nosotros en Montevideo andábamos sin problema en la zona del Puerto y cruzábamos de ahí en lancha hacia el Cerro.
El día que se jugó la final de Maracaná yo escuché el partido y me acuerdo de algunas cosas. Escuché la consagración de Uruguay en la casa de Raúl Di Napoli que era un tío y padrino de mi padre. Ese día había mucha gente escuchando el partido en esa casa y entre ellos estaba Daniel Fernández Crespo, que después fue Consejero de Gobierno e Intendente de Montevideo.
Ese día se juntaron una cantidad de familias en la casa de Raúl Di Napoli y la Tía Beba. También recuerdo los festejos y que fuimos al Estadio Centenario a recibir a los jugadores cuando estos volvieron a Uruguay.
Siendo chico a mí me llevaban mucho a los partidos de Wanderers, porque tenía al Tío Coco que todavía está vivo, que era muy hincha de ese equipo.

-¿De qué manera influyeron en tu gusto por el fútbol el haber crecido con conquistas tan cercanas en el tiempo, tan palpables; no como ahora que hace años no ganamos nada?
-Aquello fue una cosa extraordinaria. Además tuve la oportunidad de ver el Sudamericano Especial del año 1956, ganado también por Uruguay. Ahí vi jugar a Javier Ambrois, a Miguez, entre otros grandes jugadores. Y aún hoy me acuerdo de esas cosas porque lo marcaron a uno.

-Además no estaban tan lejanas las épicas conquistas del 24, 28 y 30...
-Si, seguro, no estaban tan lejanas y eran palpables, estaban muy presentes en la gente todavía. Además en el año 54 no te olvides que Uruguay produjo junto a Hungría el partido que todo el mundo calificó como “el partido del siglo”, cuando Uruguay perdió en semifinales 4 a 2. Ese fue el primer partido que perdió Uruguay en los Mundiales, y ya había ganado dos Copas del Mundo.
Yo lo escuché a través de Carlos Solé a ese partido y fue muy emotivo.

-Ese Uruguay ganador en lo deportivo generaba en la sociedad una forma particular de vivir y sentir, ¿no?
-Claro, porque la sociedad tenía un espíritu ganador y eso se trasladaba a todos los ambientes. Las industrias eran pujantes y la sociedad acompañaba esa movida. Por ejemplo en esos años estuvo el auge de la remolacha y mucha gente que se dedicaba a su plantación vivía bien porque Rausa trabajaba muy bien. El campo estaba muy poblado, yo recuerdo que en Villa del Rosario y sus alrededores vivían 5 o 6 mil personas.
Ahora todo es muy diferente, la forestación a sustituido a la producción agropecuaria y la campaña está despoblada.

-Tu que observaste ese Uruguay pujante, ¿a qué atribuís que el país y la sociedad haya experimentado el deterioro posterior?
-Hay muchas incidencias. Yo creo que una de las cosas fundamentales fue que en aquella época nos compraban de todo por las guerras que había en Europa. Los productos iban sin elaborar porque era tal la necesidad que tenían que llevaban nuestros productos sin mayor elaboración.
Después hubo errores por falta de políticas de Estado, la acción política fue deteriorándose. De todas manera considero que hasta la década del sesenta Uruguay estuvo cómodo.
Nosotros llegamos a desarrollarnos en ese contexto y nos criamos muy bien, con una enseñanza magnífica y profesores excepcionales.
Posteriormente comenzó a caer todo. Se vino la situación de movilización; muchos robos; luego el accionar aparentemente de las células sediciosas que provocaron una serie de acciones tales que nos llevó a una dictadura. Ahí el gobierno puso mano dura, equivocó el camino, se perdió el diálogo. Y la dictadura nos trancó a todos; los que en ese momento éramos jóvenes perdimos la oportunidad porque no podíamos hacer casi nada.
Yo en esa época trabajaba en Radio Sarandí y había muchísimos problemas para viajar; ir en el ómnibus era riesgoso porque podía subir gente encapuchada o gente del ejército, te pedían la cédula y vos no sabías que iba a pasar porque perfectamente te podían llevar detenido y te borraban del mapa.
Hubo un deterioro total de la sociedad. Y ahora se perdió el respeto totalmente.

-Volviendo a épocas de tu niñez, la radio por excelencia era el medio de comunicación, ¿qué te gustaba escuchar?
-Yo me crié escuchando radio, aunque escuchaba ciertas cosas porque en esa época no te dejaban escuchar todo tus padres; había límites que eran respetados por los gurises y la palabra de los padres era palabra santa.
Los programas que escuchaba eran “Tierra de Campeones” en La Voz del Aire, “Ayer y Hoy en el Deporte” en Radio Sur, escuchaba el ciclismo en Radio Sport, escuchaba muchísimo boxeo también.
Siendo más grande escuchaba programas de política porque siempre me gustó mucho la política y la abogacía; escuchaba a Daniel Fernández Crespo que, no sé si era porque iba a la casa de mi tío, lo tenía como referente; escuchaba también mucho a Michelini, al Dr. Etchegoyen, a Eduardo Víctor Haedo, a Erro, a Manuel Flores Mora que tenían vinculación con mi padre.

-Mientras escuchabas los programas de deportes, ¿lo hacías como aficionado o ya te picaba el bichito del periodismo?
-Ya me había picado el bichito sí. Cuando iba a la escuela rural teníamos una cancha de fútbol y yo relataba los partidos mientras estaba jugando.
La maestra Olga Rodríguez me lo recordaba eso cuando yo ya era relator.

-¿Con Solé como referente?
-Solé como referente sí. Era el que escuchaban mis padres y para mí siempre fue el mejor. A mi se me ponía la piel de gallina escuchando a Carlos Solé.
Lo seguía a muerte. Yo siempre fui hincha de Peñarol pero lo escuchaba jugara el que jugara. Era el referente mío sí.

-¿Cuáles fueron tus primeras experiencias laborales en el periodismo?
-Comencé a principios de la década del 60 y lo primero que hice fue Baby Fútbol. En realidad empecé un poquito antes que el Baby Fútbol -que se inició en el 62- haciendo notas en Emisoras del Este con Pedro Leis, García Migliani y Santos Inzaurralde.
Cuando se inició el Baby Fútbol comencé a relatar los partidos, pero eran partidos imaginarios. A mí me daban los formularios, sabía quien era el que había hecho el gol y yo relataba en los estudios de la radio.
Inventaba el relato. A veces alguno me decía que el que había dado el pase no era el que yo había dicho, y cosas por el estilo.
Después me tomaron para ir a la Liga Minuana a cubrir las sesiones. Luego comencé a ir a la Junta Departamental a sacar detalles de la Junta.
En ese tiempo traía la información y la decía en el programa, pero en el informativo no, porque estaban los informativistas que eran el “Kelo” Falco y Luis Svara. Eran otros tiempos... ahora viene cualquiera y habla; en ese tiempo estabas mucho tiempo a prueba y veían si sabías redactar, si tenías buenas voz, había que estar muy preparado.
Yo después estuve trabajando 4 o 5 años en el Instituto Nacional de la Voz del SODRE y ahí aprendí mucho actuando como locutor, informativista, presentador. Después yo agarré para donde más me gustaba que era hacer informativos y relatar fútbol.

-Trabajaste como informativista en Radio Sarandí y además participaste en un concurso de relatores para ingresar a esa misma emisora...
-Estuve un tiempo en Radio Sarandí como informativista, luego me vine, y posteriormente me presenté en un concurso de relatores para sustituir a Carlos Solé, que había fallecido hacía poco tiempo.
Ese concurso lo ganó Walter Miranda que era de Paysandú, y yo fui finalista.
Se habían presentado 800 muchachos, de los cuales 20 éramos relatores de radio y la mayoría aficionados.
Recuerdo que comenzamos en febrero y terminamos en setiembre, fue muy extenso el concurso.
Me dieron la medalla de finalista y no participé porque hubo unas cosas raras... justo hubo un corte de energía eléctrica..., tuve mala suerte y no se me brindó el apoyo correspondiente, sino la historia hubiera sido diferente.
Pero las cosas fueron así, los concursos son así, hay muchos intereses de por medio. Más allá de las disculpas que me pidieron yo me perdí una oportunidad excepcional.

-¿Esa situación te pesó posteriormente?, ¿de qué manera te afecto?
-Si, me pesó en lo inmediato. En ese momento me sentí muy frustrado y descreído. Me dolió mucho esa circunstancia.
Yo estaba muy preparado. Había trabajado en la impostación de voz, en idioma español, me sentía en el mejor nivel y la verdad que tenía 10 puntos en todos los jurados y a lo largo de todas las jornadas que hicimos, que fueron unas cuantas.
Me dieron la medalla de finalista y a los pocos días me llamaron para decirme que estaba eliminado. Después me enteré exactamente como había sido la cosa.
Lo cierto es que me perdí una gran oportunidad de trabajo porque no solo entraba como relator, sino que ya me habían ofrecido para entrar de informativista a la radio y en Canal 12 para ser ayudante de Kesman.

-Dentro de los medios de comunicación has desempeñado todas las funciones...
-La verdad que sí. Estuve 30 años consecutivos trabajando en la radio; en el Diario La Unión comencé en deportes desarrollando esa tarea desde el año 66; y cuando comenzó la televisión en julio del 73 fui el primero en salir al aire.
En televisión era todo muy artesanal, los avisos eran en vivo, los programas también en vivo, no se grababa.
Recuerdo que las primeras cámaras que se utilizaron eran echas en el Uruguay y la imagen y la voz no salían al aire simultáneamente; más de uno llegó a llamar para preguntar a ver por que yo movía poco los labios, alguno me agarraba para la joda por eso, y yo les decía que era ventrílocuo.

-Trabajar en vivo era un buen ejercicio mental supongo...
-A sí, yo alcancé a memorizarme 27 noticias y las desarrollaba como si estuviera hablando en mi casa, con mucha naturalidad; lo hacía en tono de informativo y era la sensación.
Yo logré transformar los informativos en Minas, y no es vanidad. Yo le di un tono de informativo porque había estudiado ese tema. También fui el primero que hice notas en los vestuarios de fútbol con una grabadora a cinta marca Phillips. Hay que tener en cuenta que en la década del 60 querías hacerle una nota a un jugador de fútbol y no sabían que decirte porque no estaban acostumbrados a hablar del partido. Los primeros que hablaron y me dieron una mano fueron Walter Montero, Saturno Gómez, el “Turco” Gilene, Hugo Viña, entre otros. Estos jugadores se prestaban para la nota y el resto iba mirando como era y luego empezaron a animarse a hablar.
Fui el primero que hice notas telefónicas gracias al aparatito llamado “chupete” que se conectaba al teléfono y al grabador, y permitía grabar una llamada telefónica con total nitidez. Se lo compré a un amigo que trabajaba en Montevideo que a su vez él lo había traído de Buenos Aires. Recuerdo que la gente se empezó a sorprender con las primeras notas telefónicas y muchos se me enojaron porque hablábamos por teléfono y después se escuchaban en la radio; es que no sabían que existía ese aparato.

-¿De las tareas que desarrollaste cual es la que más te gusta?
-La que más me gusto fue relatar fútbol, que me sigue gustando todavía. El periodismo en la faz informativa también me encanta.
Hice una audición que era el alma mía que se llamaba “Mapamundi Deportivo” que iba de 19:00 a 19:30 todos los días en Emisora del Este y duró 28 o 29 años, que fue espectacular. Todavía hay gente vieja que me dice “hola viejo querido”, porque yo empezaba el programa con esa frase. En ese programa era que estaba “la baldosa”.
Tuve suerte porque hice muchas audiciones y algunas cosas quedaron pegadas en la sociedad.
Tuve uno de los primeros programas de deportes en la televisión que se llamó “La Cantina Deportiva”

-Muchas generaciones de minuano crecieron con tu imagen en la vieja pantalla del Canal 13, hacías prácticamente todo. Eras el periodista del pueblo...
-Es cierto, lo que pasaba era que acá en Minas no había muchos medios y por consecuencia no había muchos periodistas. En esa época estaba Emisora del Este, Radio Lavalleja, Canal 13 y Diario La Unión.
Durante muchos años estuve yo solo y resulta que estaba durmiendo y me iban a buscar para hacer una nota porque no había otro.
La verdad que ahora miro para atrás y digo: “que cantidad de cosas que hice”. Resulta que ahora viene uno a decirme “mirá vamos a hacer tal cosa”, y yo eso ya lo hice hace treinta años o más.

-En el periodismo escrito también tuviste una amplia trayectoria; una característica tuya es el escribir entre líneas, dejar un concepto pero sin decirlo directamente, eso requiere un lector atento a eso...
-Siempre me gustó escribir entre líneas y aún lo sigo haciendo, aún sin proponérmelo y hay veces que no me entienden. El otro día por ejemplo hice un editorial en el Diario La Unión y me vinieron a increpar, cuando les expliqué lo que decía ese editorial como que se quedaron más tranquilos.

-¿Es cierto que jugaste al fútbol?
-Es cierto sí. Jugué al fútbol en Barrio Olímpico.
Comencé a jugar de niño y alcancé a jugar el Campeonato Interescolar de Baby Fútbol representando a la Escuela Nº 7, yo jugaba al medio pero tuve la mala suerte que me pusieran de arquero un día que faltó Leonel Urtiberea. Recuerdo que ese día jugamos contra la escuela de Las Delicias donde estaban los Píriz, los Gómez, los Sotelo; a los diez minutos nos ganaban 3 a 0.
Después sí jugué en Barrio Olímpico en la cuarta división, Barreto era el Director Técnico y jugaba Leonel Urtiberea, Emilio Verdino, “Lucho” Bentacurt, “Toto” Garandán, García, ”Torito” Ximénez; jugó Antonio Pelúa que fue uno de los jugadores más grandes que hubo en Minas, que después se lo llevaron a Peñarol; lástima que su conducta no condecía con sus aptitudes futbolísticas: resulta que una vez no fue a practicar y dijo que se le había muerto el padre, ante esa situación unos directivos vinieron a traerle una corona de flores y cuando llegaron el viejo Pelúa estaba lo más pancho en la puerta de la casa.

-¿Estuviste mucho tiempo en Barrio Olímpico?
-Jugué un buen tiempo sí. Estuve bastante tiempo en las Divisiones Menores de Barrio Olímpico. Después pasé a Sportivo Minas porque mi hermano Walter se enroló allí y yo alcancé a jugar en tercera división con Heredia que era el técnico. Ahí jugué un tiempo y después ya no practiqué más fútbol porque relataba, ya estaba metido en la radio y tenía un entusiasmo bárbaro.
Sí seguí haciendo gimnasia todos los días; hice atletismo con Ventura; jugué al básquetbol en el Salus durante mucho tiempo.

-¿Tenés alguna camiseta de preferencia en Minas?
-Si bien a la hora de mi trabajo esas preferencias quedaron siempre de lado, tengo un sentimiento por Barrio Olímpico indudablemente porque jugué allí; y por Sportivo también porque hincha y socio de Sportivo Minas y mi hermano alcanzó a jugar en primera división.
En general soy hincha de la selección y si bien no soy un clásico hincha de Barrio Olímpico y Sportivo Minas, sí simpatizo por estas dos instituciones.

-¿Qué recuerdo te queda de la época de oro de Barrio Olímpico?
-Fue una época muy buena donde jugaba el “Gaucho” Fernández, el “Loco” Arias, Rafael Fernández, Julio Santana, el “Píldora” Varela, Walter Montero, el “Pileta” Perdomo, Julio Carrozo, Heriberto “Pata” Ferreira, entre otros excepcionales jugadores.

-¿Cuál fue la mejor selección de Lavalleja que pudiste ver?
-Para mí el de mejor calidad fue el plantel que ganó los campeonatos del 59 y 60. Esa selección era espectacular.
“Nenín” Rodríguez Velázquez jugaba al arco; Nelson Hernández y Cobelli eran los defensas; en la línea media estaban “Juanino” Massa, Julio Santana y José María Larrosa; y adelante Carlos Anizetti, José Gilene, Alfredo Machado Flores, Julio Perdomo y Hugo Viña.
Este era un equipo imparable que salió campeón del Este las dos veces; lamentablemente no pudo llegar a ser campeón del Interior pese a que era un equipo brillante.
En el año 92 salimos campeones del Interior pero era distinta la cosa. Ese cuadro de los años 59 y 60 para mí era más parejo.

-Tal vez la más emotiva fue la selección del 92...
-A sí, para mí sí porque la viví de muy cerca y fue muy emocionante aquello.
Recuerdo que después del partido que ganamos en Rocha el “Gordo” Machín me dijo: “a partir de este momento no perdemos más y no paramos hasta Paraguay”. Y fue así porque la selección continuó su camino, ganando a los ponchazos partidos que parecían imposibles y ahí estaba la emoción. Las jugadas de Cano, el “Negro” Álvarez espectacular, Britos en el arco, el “Loco” Machín con su aporte; era un cuadro que te daba emoción y levantaba el Estadio. Yo viví unas emociones tremendas que fueron las más grandes que tuve en el relato.

-Lo coronaron con un viaje a Paraguay desde donde ustedes relataron...
-Seguro, fue la primer radio del Interior que transmitió desde ese lugar porque se hacía muy difícil hacerlo. Yo relaté ese partido gracias a mi amigo el “Cotorrita” Jorge Fernández Tabárez que aún vive allá en Paraguay. Él había trabajado conmigo acá en la radio y hace unos días me visitó.
Él me contactó con el “Petizo” García, que en ese momento era el Víctor Hugo Morales de Paraguay. Junto al “Gordo” Machín nos dieron la dirección de este hombre que nos atendió muy bien y nos hizo todos los contactos con el Antel de Paraguay para que pudiéramos transmitir pidiendo línea desde allá para acá y pagándola acá, que era mucho más conveniente, además acá teníamos financiación.
Hicimos la transmisión desde allá, que nos dio un trabajo bárbaro porque había que hablar con el presidente del Antel de allá, con el Secretario, y con el Jefe local, pero había que hablar dos veces con cada uno porque eran unos chantas bárbaros.
Otra anécdota es que una vez solucionado esos temas llegamos al estadio de Ñumby pero nosotros no habíamos llevado equipos para transmitir y el alquiler nos costaba 500 dólares, ¿y de dónde íbamos a sacar esa plata? Entonces al menos teníamos que conseguir un teléfono prestado (el aparato y la línea) y se lo pedimos a un vecino del estadio que con un poco de recelo nos lo terminó prestando luego que lo pudimos convencer.
Al final la transmisión salió bárbara.